Lo que parece un debate de la Edad Media es ahora un tema de la agenda internacional. Desde la postura de cierta parte del Pentágono, en que los ETs son demonios y que, por lo tanto, no debe desclasificarse, hasta la postura del gobierno chino de prohibir una práctica espiritual en su territorio, las posturas de fanatismos religiosos en el mundo son preocupantes. Sin mencionar el fanatismo islámico.

Lejos de que esto nos conduzca a un materialismo excesivo y laico, deberíamos preguntarnos realmente, de manera seria, qué es la naturaleza espiritual: una manera que no imponga, que sea a la vez progresista y profundamente espiritual.

Para esto, la mejor teoría es que todos formamos parte de Dios, que una semilla de Dios está adentro de cada uno de nosotros, que, por lo tanto, cada persona se responsabiliza por sus ángeles y sus demonios, que no tenga que exterminar a nadie, que no tenga que luchar contra nadie, que no haya bien y mal, sino una unidad de bien y de mal. En la unidad no puede haber malo o bueno, solo evolución. La DBH es el ejemplo perfecto de eso: una espiritualidad que, por definición, nunca puede llevar al abuso de poder.

La superioridad moral, la semilla del autoritarismo.

La historia humana está llena de ejemplos donde la superioridad moral se convierte en la semilla del autoritarismo. Lo interesante es que este autoritarismo puede nacer de dos lados:

1. De quien se cree superiormente moral, que juzga, clasifica y decide qué es lo correcto y lo incorrecto.
2. De quien es acusado de ser moral o ideológicamente inferior, que al sentirse atacado puede reaccionar con la misma fuerza autoritaria para defenderse o imponerse.
De un lado o del otro, el mecanismo es el mismo: se crea un eje de superioridad e inferioridad, y en esa tensión siempre germina el autoritarismo.

Cuando la moralidad se convierte en poder

El problema no es la existencia de valores, sino la pretensión de que hay una única manera válida de vivirlos. Tanto quien acusa como quien se defiende desde la herida pueden caer en la misma trampa: la imposición.
El autoritarismo no nace solo de quien quiere dominar por convicción moral; también surge del que, al sentirse descalificado, busca imponer su lugar con la misma lógica del poder.

La visión de la Decodificación Bio Holonómica

En la Decodificación Bio Holonómica partimos de una comprensión radicalmente distinta:
El ser humano es el Ser, el Creador y el Centro de todo el universo.
No existe ninguna campaña activa ni fuerza coercitiva que pretenda dominar.
El movimiento de la vida nace del interior del Ser hacia su expansión natural, nunca desde la imposición externa.
Por eso, con certeza afirmamos:
👉 La Decodificación Bio Holonómica nunca puede conducir al autoritarismo.
Nuestro camino no depende de acusar ni de defenderse, sino de reconocer el centro creador que cada uno ya es.

Ejemplos en la práctica

En consulta, no imponemos una visión externa: acompañamos al consultante a encontrar su propio recuerdo no sanado.
En formación, no entregamos un dogma: ofrecemos herramientas para que cada persona descubra y practique por sí misma.
En la vida cotidiana, no generamos bandos: cada síntoma y cada dificultad son oportunidades únicas de aprendizaje.

Un camino libre de acusaciones y defensas

El autoritarismo siempre nace de la ilusión de superioridad o de la reacción a la inferioridad impuesta. La Decodificación Bio Holonómica, en cambio, reconoce que nadie es superior ni inferior: todos somos expresiones del mismo Ser creador.
Cuando comprendemos esto, desaparece la necesidad de acusar y de defenderse, porque ya no hay nada que imponer. Solo queda el camino de descubrir y expandir lo que ya somos.